Nos cansamos, no nos rendimos


Nos cansamos, no nos rendimos. Ese debe ser el lema. Cuando te cansas de colocar tus emociones en manos de otras personas, es degastante. Cuando asumes que debés hacer todo lo que esté en tus manos para brindarle una sonrisa a los demás, pero jamás lo hiciste contigo.


Todo estaba idealizado para ser de una manera, pero no permites que fluya. Porque si no pasa, piensas que tiene que ver contigo, que es toda tu culpa... Y olvidas que no ocurre porque no es para ti. 

Siempre estás intentando en donde nunca vas a producir, ni crear, ni vivir, ni ser feliz y todo es tan confuso, porque te niegas a comerte el mundo. ¿Pensaste en tus otras oportunidades? Sí, aquellas que desconoces. Por eso, no te aferres. No tomes decisiones temporales a largo plazo. Obsérvate como una proyecto que va cambiando para bien, sin estancarte, sin volver a repetir los errores del pasado. 
¿Por qué debes ser tú? ¿Por qué debe ser así? Será como deba ser, pero debes aprender a darte el lugar que te mereces dentro de cada circunstancia, y en toda persona que se cruce en tu vida y que desees que esté presente. ¿Quiénes estarán? Aquellas personas que den lo mismo, sin esperar que dés de sobra. 

Cómo llegamos a este punto en el que nos ausentamos de la fidelidad propia, de querernos tantito y pensar que el tiempo que invertimos es en sí mismas (os), y no para los demás, ni para nada que sea ajeno a nuestra persona. 

¿Qué les parece iniciar una etapa del ciclo de la realmente estemos conformes y listas (os)? Es decir, una etapa en la que nos pongamos en el primer lugar.


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